Esperas y Desesperos

A diario se nos olvida que no estamos aquí como operarios. Estamos aquí para VIVIR. Hacemos que los días se pasen dejándonos guiar por lo que tenemos asumido que va a pasar. No nos permitimos lo inesperado y nos convertimos en marionetas de la planificación.

Nos gusta tener todo controlado y, ¡cuidado si se nos eriza la piel en el momento menos esperado! Confundimos la sorpresa con lo “no apropiado”.

Somos unos inconscientes, programados, autómatas, incapaces de entender que una cosa es lo que esperamos que vaya a ser nuestra vida porque así lo tenemos instalado de serie y otra cosa es lo que los días, realmente, tienen preparado.

Decimos querer vivir el momento cuando, en realidad, a diario, nos olvidamos precisamente de eso; de vivir.

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No estamos aquí para hacer un croquis de nuestra vida. Estamos aquí para dejarnos sorprender, para disfrutar de la magia y valorar aquello que se nos escapa de las manos y que da lugar a un enorme ¡wow!

No se trata de tener un registro de ecuaciones perfectas. No somos matemáticos. Se trata de valorar lo no establecido, aquello que no tiene sentido y que, sin embargo, es. Nos motiva saltarnos la normas pero nos aferramos a las nuestras.

Calculamos tanto cada segundo y queremos tener un registro tan claro de cada momento que simplemente nos permitimos el lujo de dejarlos pasar de largo.

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Mi política de privacidad

Mi política de privacidad es esa que me impide no decirte que es mejor perdernos en el recuerdo de nuestros cuerpos encontrándose que ahogarnos en las ganas de no habernos encontrado.

Mi política de privacidad no entiende más derecho de admisión que el de reconocer que me pierde el camino hacia tus labios. politica-privacidad-cuento-por-casualidad

No entiendo más aviso legal que tú, desafiante, indicando peligro. Peligro de perdernos entre nuestros cuerpos, de arañarnos las ganas, de encogernos entre nuestros brazos.

Mi política de privacidad no entiende de condiciones al uso, sólo habla de volver a mirarnos, de llenarnos de risas, de sentirte tan cerca que sólo el calor consiga arrastrarnos.

Mi política de privacidad no habla de ti. Ni siquiera lo hace de mí. Mi política de privacidad no entiende de reglas, no marca un número de puntos, sólo juega con la idea de quedarnos juntos, improvisando.

Las cosas son.

¿Has probado a poner las cosas fáciles a otra persona? Si lo has hecho alguna vez habrás comprobado que la facilidad provoca sorpresa. Estamos acostumbrados a las curvas, los zigs zags y a subir largas cuestas. Y cuando alguien te abre el camino y te muestra una línea recta, surge la pregunta: ¿en serio?baluba-sandra-romero

Nos hemos habituado a calcular, a medirlo todo, hasta tal punto que nos olvidamos del instante, de la chispa que se enciende y que dura a penas eso: un chasquido.

Estamos hechos de momentos y a veces nos perdemos en palabras, en mensajes que podrían traducirse en encuentros, perdiéndonos la oportunidad de disfrutar frente a frente, de aprendernos cara a cara.

Los días no deberían ir con libros de instrucciones. Nos gustan las complicaciones y buscar el camino difícil. Estamos hechos de ideas hasta tal punto que no nos damos cuenta, la mayoría de las veces, de que las cosas simplemente son o no.

Introspección en 4 pasos (I)

No soy de formas perfectas. No soy capaz de escribir en un papel cuadriculado ni creo que todas las líneas sean rectas.

No soporto los vacíos y me aburren los silencios.

Creo que la palabra más difícil de decir,  más que “fin”, es “adiós”. paraguas-invierno-sandra-romero

Ojalá que con el paso del tiempo y de los días, no me cansé nunca de mojarme bajo la lluvia. De los días de tormenta me quedo con el olor a mojado, con las gotas resbalando sobre tus labios, con los charcos.

De mi paso por el invierno aprendí que si antes me perdían las espaldas ahora me ganan las sonrisas. Que igual que tu aliento me da calma, el aire frío en la cara me da vida y que más que de soñar ahora me quedan ganas de volar.

Prefiero no saber por qué lo hice, pero hacerlo, a dejar pasar el tiempo sin haberlo intentado. 

Desencuentros.

Yo sólo quería abrazarte y perderme entre el hueco de tus brazos. Quería saber qué se siente.

No es que te quisiera, pero me hubiese enamorado de tu risa. No es que me apeteciera besarte, sólo saber a qué sabes.

No es que tuviéramos mucho que ver, pero me hubiese enganchado a tus defectos y alimentado de tus excesos. desencuentros-cuento-sandra-romero

A veces te busco sólo para oírte, para sentirte más cerca y volver a imaginarte. A veces, me río recordándote: lo absurdo de nuestra no historia.

Yo sólo quería abrazarte. Mirarte de cerca, tú y yo, de cerca, con tus ojos brillantes. Sólo para recordarte. Quería reírme contigo, perderme, volverme loca.

No es que me gustaras pero conseguiste hacerte interesante. No es que quisiera conocerte pero hubiese jugado a hacer un mapa de tu cuerpo.

Yo sólo quería abrazarte y esconderme entre el hueco de tus brazos. Quería escucharte, que me contaras, y que tu voz se me quedara grabada en la piel. A veces juego a inventarte, a intentar recordar tu risa y esa mirada desafiante con la que en un par de minutos me ganaste.

uno al otro se encontraron y nunca se conocieron.

Lo de aquellos, fue otra cosa. Se conocieron y nunca se encontraron.

A tiempo.

Llega un momento en el que te das cuenta de que los meses son simplemente un conjunto de letras combinadas entre sí y no una cuestión de tiempo. Vemos matemáticas en los años, cuando hay veranos que perduran en octubre.

Lo descubrí al terminar aquel invierno eterno, que parecía no acabar, cuando, al hacer cuentas y jugar a las sumas y las restas, 2014 –sin duda- me debía días.

Andamos por las semanas contando los días que nos quedan para que lleguen los fines de semana y, cuando llegan, contando las horas que nos quedan para enfrentarnos de nuevo al lunes, sin  darnos cuenta de que los días son esbozos de lo que ya no volverá a ser en nuestras vidas, sin permitirnos el derecho de simplemente disfrutar.

Vivimos con miedo a decir la palabra incorrecta o a elegir el emoticono inadecuado. Tememos decir “te quiero” a alguien que acaba de aparecer en nuestras vidas cuando hay personas que aparecen y son capaces de hacer magia sólo con una mirada, aunque ese amor dure sólotiempo-cuento-por-casualidad eso: un pestañeo, un segundo, nada.

Nos da pánico el rechazo hasta tal punto que nos perdemos la oportunidad de intentarlo sin darnos cuenta de que cada vez que probamos algo nuevo, cada vez que alguien se cruza en nuestras vidas, aprendemos algo más, nos deja su huella, crecemos.

Vivimos en el otoño de lo sensato, donde cada hoja que se cae es una oportunidad que perdimos. Nos da miedo improvisar, decir que sí a oportunidades nuevas, probar el sabor de labios desconocidos. Y nos olvidamos a diario de que la vida es un árbol de hoja caduca.

Nos preocupan las raíces, lo que espera la otra persona, lo que es o no es. Y así, avanzamos sin ser conscientes de quién aparece a nuestro alrededor. Dejamos de conocer a otro. Simplemente nos lo perdemos.

Queremos entender las cosas antes de que sucedan. Nos da miedo la gente que no tiene problema en decir “me gustas” a la primera de cambio. Tomamos por loco a quien quiere apostar por nosotros sin apenas conocernos.

Y al final, vamos dejando atrás un manto de hojas secas que nos recuerdan aquello que pudo ser y que no nos permitimos que fuera. Nos quedamos con las ganas de probar aquel sabor y sin el encanto de ese momento. A veces, ni siquiera somos conscientes de que pudimos intentarlo.

Se trata del Tú.

No son los días. Lo importante eres tú. Se trata de ti, de conocerte a ti mismo y de reconocer quién eres, cuáles son tus necesidades y dónde están tus carencias, de comprender hacia dónde vas y a qué lugar te lleva lo que estás haciendo.

Se trata de mirar de frente a la vida, de gritar al mundse-trata-de-tu-sandra-romeroo: éste soy yo, aquí estoy y es aquí donde me quedo.

Es cuestión de apreciar cada momento y de extraer el sabor a cada minuto, quizás de escupir aquel gusto insípido o vomitar lo que te resulte amargo.

Y también se trata de poder apartarse y de dejar ir. Sólo así serás capaz de llegar, de llenarte de vida y de poder, querer y saber elegir.

No te quedes con lo simple aún, cuando para alcanzar lo que está por llegar, toque subir una nueva montaña. Quédate contigo. No te alejes de quien eres.

Llénate de colores.  Los necesitarás para pintar tu mejor cuadro, aquél que sólo hable de ti y que cuente tu verdadera historia, la que sólo tú eres capaz de escribir.

Sé libre. No dejes que te aten las cuerdas, que pesen los recuerdos, que tire de ti lo que ya no es.

Haz de cada duda y de toda pregunta un instante excepcional. Busca la magia. Sé capaz de deletrear una a una las historias que formarán parte de tu cuento de hadas. Sácale la lengua al ogro e ignora al villano de la película.

Convierte cada piedra en un grano de arena que se quede perdido en el camino. Sé fiel a ti mismo. No te alejes del TÚ. Permanece. No busques en los demás lo que realmente sólo tú tienes. Y cuando caigas, porque caerás una y otra vez, plántate cara para levantarte.

(Escrito aquella mañana, al sol, sintiéndome perdida cuando resultó que nunca me he encontrado tanto a mí misma como entonces)

Breve cuento sin sapos.

No hace falta que te cuenten historias inventadas por otros. Sé tú capaz de escribir la tuya propia. Vístete a partir de hoy de protagonista y puntúa con la varita mágica cada una de las páginas de tu día a día.

Enfréntate al reloj. Y cuando den las doce, bésale. No salgas corriendo. Cuando se rompa el hechizo mantén la corona bien alta y, si no ha sido un buen beso, hazlo tú: Dale calabazas.

No te dejes seducir por falsos caballeros que dicen saber cómo acabará el cuento pero que no conocen cuál es el color de tus zapatos.

Ríete con la bruja y ve a clase de conjuros y maleficios con ella. Si el príncipe acaba convirtiéndose en rana, créeme que me lo agradecerás.

Olvídate ya de mirarte en otros espejos y de preguntarte si eres la más bella del reino y, déjame decirte, que sí, que ya lo eres.

No esperes que llegue la hora del baile para dar tus mejores pasos y haz que suene la música a diario. Bésale, y si tiene magia, cierra los ojos y practica el truco a diario.

No te aprendas el final de las perdices porque no hay mejor historia que la que nunca acaba y que no te vendan príncipes con polainas azules. De esos que llevan una capa que no les sirven para hacerte volar. Si la vida tiene magia, que no te engañen las coronas. Déjate seducir por príncipes reales, de los que no necesitan libros de instrucciones y se atreven a improvisar.

Y repítete:

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Seamos raros.

Seamos raros.  Que nunca importe el cómo pero que nos vuelva locos que sea.

Que no nos quiten las ganas de abrazarnos desnudos, como animales que se cubren de estrellas picudas las espaldas para curarse las heridas y que se llenan de arañazos marcando los pasos de su camino.

Seamos raros, como la palabra “agapanto”, como la canción sin estribillo que vamos a inventarnos.

Que nosandra-romero-corazones me crea nunca la mujer de tu vida, pero que no exista una de tus vidas por la que yo no haya pasado.

Que nos pierdan los minutos que nos quedan para encontrarnos y que nos limemos a ritmo de mordisco las uñas que no terminamos de arrancarnos mientras nos pensamos.

Que no dejes de ser tú, con tu mirada infinita de espacio brillante, y con esa forma tan cool  con la que has conseguido a hacerme reír.

Y si en verdad existes, y te atreves a encontrarme, si apareces en mi vida, seamos raros. Ahora que te llamo a oscuras esta noche, cuando aún no me acuerdo de tu nombre y recorro con mis dedos minuto a minuto tu cuerpo sin conocerlo.

Que no llegues a ser lo primero ni te conviertas en cicatriz y que tampoco seas la tirita.

Que sea siempre hoy sin esperar a ver qué llega mañana. Que no importen las fechas y que no nos dé miedo dejar a un lado lo sensato. Que nos abrigue el color de tu sonrisa y que nos destapen cada sandra-romero-plantitassegundo nuestras manos.

Y qué más da si sólo somos como dos ornitorrincos melancólicos, hundidos en el leve recuerdo de nuestros cuerpos, antes de encontrarnos.

Cometas en el tiempo.

A veces, cuando pasan los años, te das cuenta de que no siempre reconoces a la gente que conoces. Uno no quiere que lo recuerden por lo que ha dejado de hacer o ni siquiera ha llegado a plantearse, sino por aquello que ha hecho.

El transcurso del tiempo nos acaba enseñando que el número de espejos en los que nos miramos es insignificante.  Lo importante, en realidad, es distinguir a quién vemos cuando nos miramos y saber de qué estamos hechos para poder reconocernos a nosotros mismos.

Conocer a alguien no es complicado. Lo realmente difícil, lo que puede que se nos escape de las manos, es hacer que alguien desaparezca una vez que ha formado parte de nuestra historia. Sin embargo, el dolor nos empuja en ocasiones a querer hacerlo.

El olvido no existe, pero a veces tiende a confundirse con un segundo lugar, con un tercero, con la indiferencia…

Hay quien dice que todo aquel que aparece en tu vida lo hace por algún motivo y por una razón. Yo he aprendido que para permanecer no sirve con haberte cruzado simplemente en el camino de alguien. Se trata de dejar huella, y esto es algo tan simple y natural que algunas personas nunca llegan a conseguirlo.

Cuando conoces a una persona lo haces eternamente. No escometa-sandra-romero posible hacer que desaparezca. Siempre estará ahí. Da igual dónde vaya. Por eso deberíamos prestar atención a cómo hemos pasado por la vida de las personas, porque así será como permanezcamos en ellas.

A mis muy recientes cumplidos 34, he aprendido que la vida está llena de arañazos y que a veces no sirve con una tirita para poder taparlos. Y que, a pesar de toda herida, hay vacíos eternos que se convierten en cometas gracias a la gente de la que nos hemos ido rodeando.

Por eso, a mis 34, veía necesario este post, en el que os reconozco, porque permanecéis en mí. Os reconozco a todos aquellos que habéis sido más que una tirita.

Espacios vacíos.

Un centro comercial se me antoja como un espacio lleno y vacío. Me di cuenta un domingo cualquiera, uno de esos que siempre he odiado. calendarioNo entiendo por qué la gente siente aversión por los lunes. Es de los domingos de los que hay que huir, melancólicos e insípidos, hechos de minutos que esperan a ser agotados sin apenas tener margen de tiempo para actuar.  Aquel día comprendí que no hay lugar más solitario que un centro comercial, repleto de hormigas que deambulan sin objetivo, buscando algo que llevarse a la boca.

El ciclo de la mariposa.

Ciclos. La vida está llena de ciclos. De segundos que empiezan y de momentos que se van.

No importa la duración, lo fundamental es saber reconocer lo que nos dejan.

No se trata tanto de las puertas que se cierran, y que ya nunca serán, sino de las puertas inesperadas que se abren y de ese gusto (semidulce con un toque de picante) que tienen el vértigo y la expectación por adelantarnos a lo que vendrá.

Es algo similar al ciclo de las mamariposa-sandra-romeroriposas. De pronto la vida te arrastra hacia un momento crisálida. Se trata de algo inesperado en un espacio dónde nos han dejado sin luz. Y es precisamente a oscuras cuando tenemos la increíble oportunidad de reconocernos a nosotros mismos, de jugar con nuestras formas y actitudes hasta descubrir nuestro verdadero Yo.

A oscuras somos capaces de hacer las composiciones de color más inesperadas y jugar con los pigmentos hasta encontrar la mezcla perfecta de colores que dará forma a nuestras nuevas alas.

Dicen que dentro de ella vuelan un montón de mariposas, que con las alas le sacuden el alma, y que revolotean incesantes queriendo brotar por cada uno de los poros de su piel.

 

Arte.

Quien sabe reconocer el tacto de una tela, sabrá acariciarte.caricias
Existen dedos capaces de tañer cada rincón de tu cuerpo hasta mecer tu alma y moldear con su tacto cada unos de tus sentidos.
Hay manos instruidas en el difícil arte de hilar cada poro de la piel hasta conseguir hacer de ella terciopelo. Es un ir y venir, un balanceo, un movimiento rítmico: leve de sentir y complejo de olvidar.

Cómics y otros cuentos.

No necesitas superhéroes. Para vivir una vida de aventura sirve simplemente con que alguien te regale un día lleno de sonrisas.

Yo no necesito capas ni príncipes azules, pero si consigues hacerme reir tendrás una princesa rendida.

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Nunca empezamos de 0.

Crees que sabes hacia dónde vas pero no siempre se acierta. Cuando estás convencido de que tu camino es el correcto y de pronto te das cuenta de que no es así, toca empezar de nuevo.  De nuevo, porque realmente nunca empezamos de cero.  Todos tenemos un punto de partida y somos el resultado de nuestras propias experiencias. Por eso, para avanzar y fijar nuevos rumbos, es fundamental reencontrarse con uno mismo.

Quizás te habías olvidado de tus sueños. A veces, incluso, de soñar.

Nadie dijo que los comienzos sean fáciles. No, no lo son. Pero de ti depende quedarte con lo mágico del momento: son increíbles los instantes difíciles porque se llenan de personas bonitas. Las reconocerás porque están ahí para hacer de las curvas rectas. Cada una te recordará quién eres porque también estamos hechos de las personas que aparecen en nuestra vida.

Empieza de nuevo. Ahora tienes la oportunidad de trazar nuevos planes. De inventarte tu propia historia. Leélo bien: invéntate tu propia historia. Y hazlo, de tal forma, que cuando acabe te dé gusto firmar. Déjate sorprender por las experiencias nuevas, rodéate de sonrisas, di sí a todo aquel que aparezca en tu vida con brillo en los ojos, emociónate y disfruta de todo lo que significa “descubrir”.

No creas en los fracasos, habla sólo de cambios. No te hundas en las caídas, aprende a mirarlas como si fueran guiños aunque aún no sepas cuál es su significado.

Olvídate ya de los números. Desapréndete el cuento. No hagas más cálculos con los minutos. Deja de contar el tiempo que no queda. empezar-de-0-sandra-romero

Empezar de nuevo no significa volver al principio de ningún camino. Realmente se trata de no mirar hacia atrás, pero sí de hacerlo hacia dentro, de saber quién eres tú y de fijar nuevas metas.

No pienses que lo que te está esperando es una línea recta por la que dar un paseo, más bien esta vez se trata de un juego de esfuerzo y resistencia en el que tu papel principal es colocar las baldosas por las que continuar. De ti depende que éstas sean o no amarillas. Bienvenido al nuevo trabajo de construir un día a día, de quererte a ti mismo. Bienvenido Tú.

Empezar de nuevo tiene que ver con situarse al borde de un precipicio y sentir cómo, desde lo más alto, el aire es capaz de arañar tu cuerpo. Es un simple balanceo. Cuestión de coger impulso y mirar hacia dónde realmente quieres ir, encontrar cuál es tu historia y disfrutar de ese largo minuto.

Y tú, ¿te atreves a saltar?

Cuestión de tiempo.

Te regalé aquel minuto eterno para enamorarme de ti entero sólo con una mirada. Y entonces comprendí que hay amores que duran eso: un minuto, una mirada, nada.tiempo

Amor e Iglú.

He sido capaz de encontrar estas similitudes entre amor e iglú:

  • Protegen del frío.
  • Es importante construirlos con paciencia, poco a poco y colocando bloque sobre bloque.
  • Para ponerlos en pie son necesarios muy pocos ingredientes.
  • No son tan básicos como parecen. No sirve cualquier tipo de nieve para construir un iglú igual que no sirve cualquier tipo de actitud para hacer crecer el amor. Ambos necesitan muy poco pero que ese poco sea especial.
  • En ambos la temperatura aumenta según el calor que guardan los cuerpos en su interior.iglu-sandra-romero

Descubriendo palabras.

Hay palabras en las que merece la pena pararse a pensar.

Una de mis prácticas favoritas es anotar palabras que suenan bien. Quizás más que escribirlas, me gusta repetirlas una y otra vez cuando las escucho y de esta manera consigo retenerlas. Y cada vez se vuelven más sonoras, como si dentro de ellas hubiese música. Dejando a un lado las esdrújulas, de las que me declaro fan incondicional, algunas palabras que están en mi lista de preferidas son “parsimonia” e “incandescente”.

Algunas palabras me gustan sin más porque de pronto te paras a pensar en ellas y resultan de lo más inspiradoras. Son palabras en las que encuentro un gran fondo y que no se deberían tomar a la ligera porque excavar en ellas es un ejercicio de auténtica arqueología.

La última de estas palabras que me ha conquistado esdescubrir”. En primer lugar, porque lleva implícita la sorpresa. Repito varias veces “descubrir” y puedo imaginarme ojos abiertos que se iluminan y se llenan de brillo. Pero lo que realmente me parece bonito de esta palabra es su sentido de “descubrir a alguien”. Me resulta realmente apasionante porque soy capaz de visualizar cómo se van quitando las capas de una persona a medida que vas conociéndola.descubrirme-sandra-romero

Al final somos así. Nos cubrimos de velos y de telas. Algunos más tupidos y otros más sutiles. Algunos de colores y otros desgastados por el paso del tiempo. Y cuando damos a alguien la oportunidad de conocernos, realmente, lo que estamos haciendo es dejar que nos vaya quitando esos velos poco a poco para mostrarnos al descubierto. Es un ejercicio excitante el poder tirar de los velos que cubren a una persona y maravilloso poder arrancar cada una sus capas, aprenderte cada uno de sus hilos y disfrutar de sus coberturas, sobre todo si éstas son de chocolate.

Una vida con sentido.

El paso de los años deja entrever las arrugas. Nos irritan las de la piel pero nos duelen las del alma, aquellas que no tapa ningún maquillaje y que consiguen encoger los momentos. Son esas arrugas que nos marcan como si se tratara de cicatrices de las que pican cuando cambia el tiempo.vilano

La vida es como un juego donde cada uno deberíamos poner en la partida nuestro mejor Yo. A veces nos dejamos llevar sin estrategia. Y, en ocasiones, cuando es nuestro turno, caemos en la casilla equivocada. Pero, de pronto, nos damos cuenta de que realmente al tirar los dados salió seis y esto nos permite volver a tirarlos. Entonces es cuando la vida nos brinda la oportunidad de cambiar el rumbo de la veleta y marcar con ese movimiento nuestro propio camino, haciendo que éste señale hacia otro lugar.

Nadie te dice que en esta ocasión el viento vaya a estar a tu favor pero párate a pensar; es increíble tener de nuevo en tus manos la posibilidad de soplar el “vilano” con fuerza y pedir un deseo.

No venimos al mundo con la opción de un botón “reset” aunque, más de una vez, hubiésemos querido hacer uso de él. Pero sí podemos fijar de nuevo un punto de partida: estudiarnos todas las direcciones que encierra el mapa o, incluso, hacer una bola con él, arrugarlo, y tirarlo a la basura. Tenemos la opción de marcar nuestro propio itinerario sin recurrir al GPS.

Apuesta por una vida con sentido (a poder ser con los cinco). ¡Que no te importe mojarte bajo la lluvia y disfruta saltando sobre los charcos! Aprovecha la experiencia de poder acariciar la vida con la punta de los dedos y de llenarla  con minutos que te ericen la piel. Huele cada día como  si se tratara de una nueva oportunidad. Despójate de las bolas de naftalina y de los recuerdos que se apolillan bajo las horas que ya ni están ni son. Escucha sonrisas. Estrena miradas, ve cosas nuevas, déjate observar. Experimenta nuevos sabores. Degusta cómo saben las cosas que te has perdido.

Apuesta por una vida con sentido. Pon el cuentakilómetros a cero e invéntate cada uno de los días. No te conformes con veranos que se quedan sin sol pero que aún así tienen la fuerza para abrasarte el cuerpo. Y lucha por evitar esos inviernos capaces de incinerar la memoria.

No es cuestión de brújulas ni de carteles cvida-sentido-sandra-romero-blueon dirección obligatoria. Se trata de tu propio sentido, aquel que te define y que en algún momento te hará grande. Yo también quiero una vida con sentido. Una vida en la que perderme me sirva para encontrarme conmigo misma. ¿Te vienes?

Un kilo de amor.

No puedo querer a medias ni creer en medias cantidades.

No todo se puede medir o pesar.

Si tienes que pensar si apuestas o no por algo, es mejor que NO. Si realmente algo te importa, no tienes dudas, simplemente, apuestas por ello de forma inconsciente y sin planteamientos. Cuando aparece el “no estoy seguro”, algo hay que falla.peso-amor-sandra-romero

No entiendo quién marca la distancia entre todo o nada.

Soy incapaz de poner el amor o el cariño en una balanza:

¿Cuánto es querer mucho o querer poco?

¿Cómo es aquello de “te estoy empezando a querer”?

¿De qué va eso de “he dejado de hacerlo” (quererte)?

No quiero que seas mi vida, porque yo ya tengo una, ni que me quieras más que a la tuya.

Quiero una vida propia y no necesito que tú me la des.

Y si apuesto por ti no voy a quererte más que a nada y no serás nunca todo, pero tampoco voy a preguntarme si eres lo suficiente.

Todas somos Cenicienta.

Los zapatos son elemento protagonista. Unos zapatos definen qué tipo de persona eres y a dónde vas.

De esto sabe mucho Cenicienta. Su historia no sería sin sus zapatos.

Resulta realmente extraño que el hada madrina se equivocara de talla. Ni a Cenicienta ni a ninguna otra mujer unos zapatos pueden quedarle grandes.

Si el zapato nos aprieta, nos descalzamos. Si nos queda grande, tenemos la capacidad de llenarlo. ¡Vaya que si la tenemos!

En mi versión del cuento, la historia da un pequeño giro:

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Y, a veces, cuando esto pasa, tropezamos. Lo bueno es que nos levantamozapato-cenicienta-sandra-romeros. Y no necesitamos ni príncipes ni hadas madrinas para volver a calzarnos.

Esto va por todas aquellas Cenicientas que si se caen se levantan, que se llenan de magia cada día y que pisan fuerte a diario independientemente de cuál sea la talla de su zapato. 

Para todas aquellas que saben de nudos y sobre todo que aprendieron cómo desatarlos.

Mi próximo proyecto o todo lo que esconde un mapa

Pensaba escribirte para callar con palabras cada uno de tus vacíos y romper tus silencios con letras que te dejen sin habla.

Hubiese querido escribirte y susurrarte tranquila, pero hoy, no me preguntes por qué, he preferido dibujarte.mapa-sandra-romero

Quiero hacer un mapa de tu cuerpo.

Partir en viaje de ida y vuelta desde tu cabeza hasta tus tobillos y no aprenderme nunca el camino.

Quiero girar en bucle alrededor de tu ombligo.

Arañar tu espalda, curar con saliva tus cicatrices y acompañarte con cada caricia en el camino que conduce hasta Mí.

Voy a tirar líneas alrededor de tu sonrisa, mientras juego entre besos con el perfil de tus labios, y a marcar con mis manos los puntos suspensivos de cada uno de tus lunares.

Me gustaría hacer mil y un bocetos con cada una de tus formas, instruirme en el sabor de tu tacto y rasgar en pedazos estas ganas de que formes parte de mí.

Yo quiero hacer un mapa de tu cuerpo y transferirme todos sus pliegues en cada uno de los escondites de mi piel.

He cogido papel y lápiz (ya sé que los colores los traes tú) y he sacado punta a todos mis dedos para poder dibujarte con ellos.

Me faltas tú.

¿Cuándo vienes?

A todo color.

No creo en la escala de grises ni en el amor que se queda en blanco y negro.

Creo en el  amor que está hoy y que está porque también va a estar mañaa-todo-colorna.

Yo no hablo ni escribo de desamor.

No entiendo de mitades ni de medias cantidades.

A mí me vale el amor completo.

Yo no soy de conformarme.

No me digas que me quieres. Hazlo.

No quiero ser la mujer de tu vida.

No soy tuya. Y si lo soy, me pierdes.

No quieras llevarme de la mano. A mí, agárrame entera.

No me guardes en tu bolsillo. A mí, enséñame el mundo.

No te metas en mis huesos. Sé parte de ellos.

Lección de Astronomía.

Cada vez que Yo soñaba con planetas y Tú me decías que vendrías conmigo hasta la Luna, lo único que conseguías es que Yo me quedara siempre en Tierra.

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Sopladores de pompas.

Estamos hechos de bocetos y nuestro relato nunca suele resultar cómo nos habíamos planteado en nuestros primeros apuntes.sopladores-pompas-sandra-romero

Siempre me he preguntado cómo será eso de viajar en el interior de una pompa de jabón. Imagino que ahí dentro se debe sentir algo parecido a las cosquillas y que debe ser un viaje suave, como surfear sobre una pluma. Hasta que la pompa explota ¡Pop! Es menos de un segundo lo que tienes para reaccionar y salir de ahí desplegando el paracaídas.

A veces, la vida consiste justo en eso. En reaccionar a tiempo. En ocasiones los minutos, las semanas, te desplazan como si estuvieras flotando hasta que de pronto esos mismos días que te han arropado y te han llenado de calma te explotan en tus propias narices ¡Pop! Y de pronto, te encuentras ahí. A punto de caer al vacío.

Se me ocurren tres opciones:

– La primera es dejarse caer. Pero ya te aviso que donde te lleva esta opción es a chocar de golpe contra el asfalto.

– La segunda es abrir el paracaídas y sentir que disfrutas del descenso. Con la ayuda de un poco de agua y jabón quizás tengas la suerte de volver al interior de una nueva pompa.

– Y la tercera de las opciones que se me ocurren es hacer “clic” cuando la pompa haga “pop”. Es tan fácil y sí, tan complicado, como mirar hacia delante y abrir los brazos para abrazar al futuro.

Qué increíblemente bonito es que las personas tengamos la capacidad de volar. Y qué bien nos sentimos cuando después de múltiples intentos al final lo conseguimos.

(Para Diana Oliver @Diana_Oliver  por su “Debes volar” y porque sólo ella sabe mirarte a los ojos y exclamar ¡Wow! con una sola mirada).